lunes, 24 de julio de 2017

Orly Lumbreras, el tonto más grande de Gredos




Si este blog fuera uno económico, al titular este post 'Orly Lumbreras, el tonto más grande de Gredos', los siguientes párrafos hablarían de una burbuja económica situada en Gredos en torno al sector del vino. Vendría siendo algo así como que un viñador sin viña pagase por un pedacito de terruño una cifra desorbitada en Gredos para, al cabo de poco, vendérselo a otro que pagaría un precio aún más escandaloso con la esperanza de venderlo a otro que no tendría manías en pagar una cifra aún mayor. Y así en bucle hasta el infinito. No, hasta el infinito no, sólo hasta que alguien, sin quererlo, fuese coronado como 'El tonto más grande de Gredos'. El tonto más grande es el especulador que no tuvo éxito. El que compró sin más intención que volver a vender y no vendió. Al que dejaron plantado para cenar y se lió con los palitos de pan porque son gratis. Y bueno, que hay muchas maneras de arruinarse, y algunas incluso tienen su encanto a ojos del que observa el cataclismo, pero ser 'El Tonto más Grande' no tiene ningún encanto. Es ser un mierda. Así sin más.

Si este blog fuera uno literatúrico (perdón, pero me encanta el palabro), al titular este post 'Orly Lumbreras, el tonto más grande de Gredos', los siguientes párrafos hablarían, con muchos adjetivos bucólicos de por medio, sobre el doble significado que pueden tener las palabras. Significados a menudo opuestos. O sobre cómo ciertas palabras han ido cambiando de significado con el paso de los siglos para no tener ya nada que ver con lo que eran en su origen. En ese momento, tocaría poner algún ejemplo que fácilmente se encuentra gugleando, e ir intercalando alguna frase motivadora para que la gente no se despiste.

Y si este blog fuera uno sobre la vida y obra de Aaron Sorkin, al titular este post 'Orly Lumbreras el tonto más grande de Gredos', los siguientes párrafos irían sobre un capítulo concreto de una serie concreta escrita por Sorkin, en el que retuerce la teoría económica de 'The Greater Fool (el tonto más grande)' haciendo un doble mortal con tirabuzón invertido para, no ya encontrar un doble sentido o una evolución a unas palabras porque los siglos no perdonan o los lenguajes pueden resultar erráticos, sino algo tan sencillo como un nuevo punto de vista, un enfoque diferente.

¿Y si al final, 'El Tonto más grande', en lugar de ser el paria que se queda con la rosa en la mano porque ella se da la vuelta por tomar un riesgo desmedido y no calibrar bien, fuese, él, su actitud y los que son como él, responsables de los mayores avances? 

Porque quizá haya dos tipos de 'El Tonto más Grande'

Quizá exista el que es un hijo de puta sin escrúpulos que planifica y ejecuta un plan despreciando el daño a terceros (algunos luego se pegan tiros imposibles en el pecho), bien sea este daño que los terceros pierdan algo, mucho o todo, o simplemente paguen un sobreprecio que no deberían.

Y quizá exista el que simplemente ambiciona sin joder. El que quiere. El que tiene intención. El que va a donde los demás no se atreven. El que avanza y hace avanzar. Eso propone Sorkin, despojando al tonto más grande del manto de la maldad. ¿Puede ser? Sorkin siempre intenta inspirar.

Pero estamos en Gredos y estamos con Orly Lumbreras.
Y os aseguro que al pensar en esto que os voy a explicar, me vino a la cabeza Gredos, como también me vino a la cabeza la teoría económica del Tonto más grande, como me vino a la cabeza la burbuja económica de los tulipanes en Holanda en el XVII, como me vino a la cabeza la venta de vinos a la avanzada. Las cabezas a veces son caprichosas.

Orly Lumbreras se ha propuesto rescatar una vieja bodega en Navalmoral de la sierra, en la zona del alto Alberche, Gredos. Es una bodega antigua donde se elaboraban vinos en tinajas de barro, y que necesita una importante intervención de chapa y pintura.

Orly Lumbreras no tiene toda la pasta que se necesita.
Orly Lumbreras os pide ayuda.
Orly Lumbreras propone un 'crowdfunding', que viene a ser algo así como encontrar padrinos que pongan cantidades peques de dinero que le permitan financiar la chapa y pintura, a cambio de una recompensa directamente proporcional a la mano que se echa. Botellas de vino es la recompensa.
Orly Lumbreras propone una venta a la avanzada de los vinos que hará en la bodega que quiere recuperar.

No son grandes vinos de grandes chateaus franceses los que vende a la avanzada en este sistema.
Tampoco son grandes vinos españoles.
Ni siquiera son vinos de mierda españoles vendidos a la avanzada que un ávido marchante consigue colocar.

No. Son sus vinos. Grandes o pequeños. Buenos, malos, regulares o lo que sea.
Son los vinos que quiere hacer.
Son los vinos que quiere hacer en una bodega que quiere recuperar porque si no, la bodega se va a tomar por culo.

No es una burbuja de los tulipanes.
No es la burbuja de Gredos.
No es una tomadura de pelo.

Es sólo, que El Tonto más grande de Gredos aún cree que se puede hacer algo para cambiar las cosas.
Cree que puntualmente, se pueden vender vinos a la avanzada que no sólo sirvan para presumir de etiqueta, sino que sirvan para presumir de 'yo ayudé a salvar una bodega que es patrimonio histórico'.

Igual Orly, mi amigo, no ha calibrado bien.

Igual quedaría mejor decir que como ayuda a una cooperativa sin cobrarles nada, pues que no tiene pasta para remodelar la bodega. Aunque sea mentira y de las gordas. Pero igual alguno entonces sí colaboraba.

Es complicado que alguien quiera comprar vinos a la avanzada sin que éstos sean un vacile.
Es complicado, también, que alguien quiera vino de Gredos que no esté apadrindado, subvencionado, cacareado, y que sea una mentira tan enorme que las caras de los que cantan sus gestas no se caen de vergüenza diciendo según qué cosas, porque esas caras están alicatadas a doble favor.

Haced lo que creáis, si creéis, podéis y queréis.

Si tenéis, a partir de 25€ para 3 botellas de vino, podéis decidir entre comprar 3 botellas que podéis comprar en cualquier momento, o apadrinar el proyecto de Orly y trincar 3 botellas de una buena causa.

Lo mismo si tenéis 50€ para 6 botellas.

Y casi lo mismo si tenéis 100€ para 12 botellas.
Aunque con 100€ de presupuesto ya tenéis suficiente para que os engañen con alguna venta a la avanzada de vinos que quedan guay en la neverita de vino con puerta de cristal.

Lo que creáis, a mí ya sólo me queda desprecio.
Salvo por cosas como esta de mi amigo Orly Lumbreras, el Tonto Más Grande de Gredos.


Pinchando en el link de la foto podéis saber más sobre el asunto.


El proyecto de la bodega


https://www.verkami.com/projects/18204-recuperar-la-bodega-artesanal-del-tio-carvajal-en-navalmoral-de-la-sierra-avila

RC


sábado, 11 de marzo de 2017

Zozobra, So Zorra


Ya ni me acuerdo de cuándo publicamos el primer capítulo de ROOSTER COGBURN.
Revista de vino, independiente, sin publicidad y gratuita. (chúpate esa, Jessie)

Tampoco me acuerdo ya de cuándo se publicó el último capítulo.
Ni recuerdo, otra vez tampoco, cuando casi publicamos un último capítulo a modo póstumo.

Como los viejos boxeadores, como las viejas bandas de rock, o como los cuarentones cuando vemos rodar una pelota de nuestro deporte favorito (si a éste se juega con una pelota), una última gira de conciertos, un último combate, o un último partido entre solteros y casados, supone una idea peregrina, que va y viene. Que asoma y se esconde. Que te reta y que se disculpa. Me suena.

La realidad tozuda nos dictó que ninguno de los que empujábamos ROOSTER COGBURN tenemos el tiempo necesario, el verbo adecuado o acaso la ilusión para continuar un chiringuito que sólo da disgustos. Sin embargo, para mí, cada vez que vuelvo a empezar THE NEWSROOM del maravillosamente redicho Aaron Sorkin, es como para Woody Allen escuchar a Wagner en 'Misterioso asesinato en Manhattan'. A él le dan ganas de invadir Polonia, y a mí de de teclear. De escribir diciendo que todo esto del vino es una enorme casa de putas. Que no hay crítica seria en España; que las revistas son unos panfletos publicitarios, que los bloggers son un mal innecesario. Que hay excepciones, claro. Ardo por intentar decir a la gente que otro vino, otros medios, otro mundo es posible. Me muero de ganas de todo eso. Y de reunir a la banda de nuevo. Eso también.






Y te acercas, y te vas
después de besar mi aldea.
jugando con la marea
te vas, pensando en volver.
eres como una mujer
perfumadita de brea
que se añora y que se quiere
que se conoce y se teme.


En una entrevista que un ser humano hizo a los chicos de Estopa, éstos confesaban que al cabo de meses de cantar una canción nueva, una de cuyas estrofas acababa con la palabra 'zozobra', uno de ellos, obviamente el que no había escrito la letra, cantaba, lleno de rencor 'so zorra'. Imagino que si alguna vez les da por hacer un cover de Mediterraneo del inmortal Serrat, la mujer irá 'perfumadita de hebrea'.


Y es que hay cosas que suenan parecidas pero no son lo mismo.

Que no es lo mismo hacer vino que ser agricultor.

Que no es lo mismo tener un viñedo y una bodega con toda la montaña de problemas que ello conlleva, que no tener ni una puta hectárea de viñedo y elaborar donde a uno le dejan un espacio para apañarse.

Porque no es lo mismo ser agricultor o elaborador, que embotellador.

Que no es lo mismo un artículo que una nota de prensa.

Que no todas las cosas son la misma puta cosa.

Que no es lo mismo escribir sabiendo, que teclear los susurros al oído.

Que esto está lleno de farsantes, tramposos y feriantes.

Que no es lo mismo salir de una DO por revolucionario que para tener más fácil hacer trampas.

Que no es lo mismo organizar unos premios, que repartirlos entre amiguetes.

Que no, joder, que no es lo mismo zozobra que so zorra.

Así que a todos los que alguna vez estuvisteis a punto de enviar un artículo rebelde (no rebelde per se sino rebelde porque sí), os invito a terminar el artículo. Y a enviarlo.

Porque no es lo mismo el asunto éste del vino con ROOSTER COGBURN que sin ella.

Así que volvemos. 
Otra vez. 
Un último partido, combate o gira mundial.

Que valga la pena.


ROOSTER COGBURN
@CogburnSostiene


viernes, 17 de febrero de 2017

Barcelona nada molona


Esta semana que acaba, he pasado unos ratos en Barcelona. De visita.

Barcelona ciudad, eh, no me refiero a los pueblos satélites, que están llenos de delincuentes y gente que lleva los pantalones un palmo por encima del tobillo, sin calcetines pero con bufanda. No, no. Barcelona ciudad.

Había quedado con unos seres humanos para ir a comer, pero al llegar temprano, decidí resguardarme de una lluvia infernal en un centro comercial. L' Illa Diagonal, se llama.

Planta de arriba. Quiero un café. Entro en un sitio que se llama 'Brunch & Cake'. Así, a lo loco.
Cuando me quito la chaqueta, aparco el paraguas y voy a sacar el diario para leer, veo que no hay espacio en la mesa para el diario.

Estoy a punto de largarme, pero vienen a tomarme nota antes de emigrar.
Viene un camarero cachitas con pantalones un palmo por encima del tobillo, calcetines de los que no suben más del zapato, pantalones negros (pitillo), camiseta blanca ceñida, y tirantes. Muchos tatuajes, barba bien mal afeitada, y el pelo con un cuarto de kg de gomina. Raya al lado.

Quiero un café con leche y algo dulce. Pregunto.
Al decir café con leche me replica con algo italiano que si mocachino o su puta madre.
Y sobre lo dulce me dice que tiene cupcakes, muffins y cakes de cosas con frutas.

Me cago en su puta madre.

Cuando creo que me ha tocado el camarero imbécil, pasan dos más, que estaban atendiendo las mesas del pasillo central del centro comercial. Dos cachitas más, con sus pantalones encogidos, sus calcetines tímidos, pantalones Michael Jackson, camiseta imperio y tirantes. Misma barba bien mal afeitada, tatoos y demás. Tendrán una máquina de hacer camareros iguales. Como en Westworld, pienso.

Bueno.

El café con leche me lo sirven en esto:




No, no es broma. Un café con leche en un tarro de mermelada y tapón rollo mantel de la abuela.
Me giro para la barra para ver qué demonios es el sitio donde he entrado, y veo que hay un cartel que pone que... bueno, el carte dice esto:




'In Grandmothers we trust'. Que confían en las abuelas.
A las abuelas, precisamente, les fliparía haber robado los muebles, porque el sitio está lleno de muebles nuevos que pretenden ser viejos. Blancos, desconchados. Falsos.

Me tomo el café con leche y me piro.
Sus muertos.

Me dirijo a una pizzeria que me han recomendado mucho. NONNA MARIA.

Llego antes que mis acompañantes. Me acompañan a la mesa.
El local es muy bonito. Pequeño y bonito. Y acogedor.

Hay una cosa curiosa, y es que por lo visto, cada mes, un chef de otros restaurantes, les diseña una pizza. Me parece oir que no es una cuestión de llamada telefónica sino que el chef en cuestión se desplaza allí, y hacen la receta, modificándola si es necesario, supongo, hasta que dan en el clavo. Eso parece algo guay.

Este mes, la pizza del chef es idea de Nandu Jubany, del restaurante Cal Jubany, en Calldetenes.
Su propuesta es una pizza con tartar de gambas, alioli suave de azafrán y aceite (creo recordar) de gambas.

Bueno, pedimos esa y una de calçots (unas cebollas como palitos) con salsa romesco.
La carta de vinos fue una sorpresa.

La primera sorpresa, porque no me había dado cuenta, es que en el librito con la carta de comida y la carta de vinos, la primera página viene con una breve presentación del personal.

Decía la página, que la chica que atendía la sala era uruguaya, que le apasionaban los vinos y que era muy muy simpática. Yo la cogería en mal día.

Decía la página, también, que el cocinero era 'El Guapo'.

Y así todos los que trabajan allí.

A mí, me parece una cagada. Por varias razones.
La primera, cogiendo el ejemplo de la chica que atiende la sala, por el asunto de poner unas expectativas muy altas. Luego pasa lo de las decepciones.
La segunda, porque me parece una cosa chorra de mirarse el ombligo y de querer ser guay; y cuando uno viene de que le pongan un puto café con leche en un tarro de mermelada, un cachitas con barba, tatuaje y todo el manual de instrucciones del hipsterismo,  no está para aguantar ya más chorradas.

Yo cuando voy a comer quiero que el sitio esté limpio, que el personal sea razonablemente amable, buenamente profesional, que la comida esté rica, y que haya buen vino. Y buenos postres y buen café. Y que no me calienten la cabeza ni me paseen sus complejos por la cara. Quiero comer, beber, pagar y largarme.

Bueno, pues la carta de vinos, sobre la que no sé si la chica simpática apasionada de los vinos tenía alguna responsabilidad, era un desastre. En mi opinión, claro. Tintos hijoputatívos robustísimos, y blancos hijoputativos. Yo no quiero 15 grados en un tinto para comer una pizza. Es mi gusto, eh, quizá haya quien sí.

Aunque se ve que el resto del restaurante pensaba lo mismo que yo, porque aunque no me fijé en todas las mesas, sí que en todas las mesas en las que me fijé, había cerveza y/o agua. Se debe ganar mucho dinero con la cerveza y el agua para ganar más de lo que se le puede cargar a un vino. No sé. O eso, o se pierde dinero teniendo una carta que no invita a beber vino.

¿Las pizzas? Buenísimas. Buenísimas de verdad. Más la ideada por Nandu Jubany. Un alioli suavísimo y maravillosamente subido de azafrán (no seáis roñas con el azafrán) sobre un tartar de gambas rico.

¿Los precios? Para ir cada día a comer. Sin duda.

Hacen además un menú del día que creo recordar vale unos 12.50€ y tenía muy buena pinta.

Hacíamos broma en la mesa sobre lo que nos extrañaba que no hubieran traído nada en un bote de mermelada de esos hipsters, y...Bum!!! ¿Dónde sirven el tiramisú? BUM!!!! en un bote hipsters de esos. Mal.

En fin, creo que esto de la gastronomía se ha convertido en un desfile de carnaval, incluso en los sitios donde te dan bien de comer. ¿Tiene remedio? Creo que sólo si empezamos a decirle a la gente, que nos importa una puta mierda si el chef es guapo, si la responsable de sala es muy muy simpática, o lo que cojones se le ocurra a alguien para ser muy trendy. Hay que empezar a decir las cosas, porque esto está fuera de control.

Y otra cosa: mientras sirváis vinos que no van acordes a vuestra comida, estáis palmando pasta. Vosotros mismos, restauradores que dejáis que una distribuidora os haga la carta sudándole los cojones la selección, sino el rappel de final de año.

Y ya está.
Adiós.

Con amor, Quentin.

Quentin Taranvino
@QTaranvino