lunes, 5 de abril de 2021

La paradoja

(este artículo es un adelanto del inminente Capítulo 11 - Legado Azul)


Formar parte de un sector y ser dañino para su desarrollo. Esa es la paradoja del vino español.

Mientras los franceses protagonizan una paradoja que, con el queso y el vino como protagonistas, lleva la contraria a las estadísticas de problemas coronarios del resto del planeta, en España el sector del vino es vanguardia mundial por ser, probablemente, el único del mundo en pegarle un tiro a sus hermanos. Como un Borbón cualquiera.

Ignoro si es responsabilidad de los padres fundadores (más bien padres hundidores), si está marcado a fuego en el ADN en forma de complejo, si es únicamente producto de un país ignorante en cuestiones vínicas, o si se debe a una suerte de consecuencia de la diversidad de nacionalidades que conforma una parte del sector.

España es un país que tiene el reflejo de resolver casi cualquier conflicto a base de testiculina, donde los equipos nacionales apelan a la garra, se llaman cosas tan estrafalarias como ‘Hispanos’ (por aquello de Gladiator, imagino), Guerreras, Armada Invencible, Leonas… España es un país que en lo que respecta al vino se enorgullece de titulares en prensa como ‘el mayor viñedo del mundo’ o ‘el mayor exportador de vino del mundo’. España es un país donde casi nadie bebe vino, y donde, la mayoría de los que beben vino aprecian más beber cualquier cosa de donde sea, en lugar de un vino de cualquier rincón de España.

Esa es la paradoja.



Que muchas banderitas en los perfiles de las redes, en las mascarillas, en los coches y en los calzoncillos. Pero que Champagne o Prosecco en lugar de Cava (y todos los demás), que Guanciale en lugar de papada, que Parmiggiano en lugar de cualquier queso de aquí, que Brie, Roquefort, Morbier, Wagyu, Kobe, Kalamata; que si Roast Beef en lugar de Carne Mechá y al final acabaréis comiendo medusas.

Orgullo al leer en la prensa eso de ‘el mayor viñedo del mundo’ o el ‘mayor exportador de vino del mundo’ sin entrar a leer que ese mayor viñedo del mundo y ese gran exportador de vino son así porque son, como ya salió en algún artículo de esta revista, el bazar chino del vino mundial. Que aquí se produce miseria para enviar a otras partes.

Es duro aceptarlo, pero es así. Uno puede bucear entre los datos estadísticos oficiales y pegarse un tiro. Y puede ser así por una cuestión económica que tenga que ver con lo estructural. Pero esta revista no se dirige a esas estructuras, se dirige a los que se suponen que beben vino.

Elaboradores, distribuidores, tiendas, restaurantes, críticos, periodistas, comunicadores y consumidores.

Entre la gente del sector y los winelovers, uno de los mayores mantras es que el vino español tiene la mejor relación calidad/precio

¿En serio eso os complace? Es como decir que estás con alguien porque no es molesto.

La paradoja del vino español se convierte en algo parecido a la paradoja de Russell.

No pertenecerse a sí mismo.

El sector del vino español no se pertenece a sí mismo. ¿Por qué lo digo?

Elegid el personaje del vino que queráis, da igual. Visitad su Instagram.

Echad un vistazo a qué beben. Más del 75% vino francés, alemán e italiano.

Ahora elegid la cuenta de un restaurante gastronómico. El que queráis. Uno que publique lo que descorcha, si no, no podemos adivinar.

Más del 75% del vino es francés, alemán o italiano.

De vez en cuando aparece un Vega Sicilia, un Artadi, un pepino de Recaredo o algún proyecto nuevo que aparece en las fotos a modo de mascota o algún naturi para poder escribir ‘canalla’ en el post.

¿Qué mensaje se está dando? El vino español está bien, pero si quieres cosas serias, tienes que mirar hacia arriba. Europa. Francia, Italia y Alemania. La historia de siempre.

¿Qué mensaje llega a los elaboradores? Pues que ni se molesten en intentar pintar su capilla sixtina porque estos hijos de la gran puta seguirán bebiendo mierdas de vino que no ven el sol ni un rato por trimestre. Que el vino español tiene la cúpula de cristal en los 40€

Así que, si es cierto eso de que con nuestras compras definimos el mundo, queda claro por qué el vino español no saldrá nunca de esa puñetera ecuación de calidad – precio (lo de placer es de horteras).

Todos conocemos al típico hijo de puta que te dice que es que el cava es ácido y que por eso prefiere el champagne. Eso es porque nadie le ha dicho al muy mamarracho que en lugar de gastarse los 7€ en una mierda de cava, pruebe alguna vez a gastarse los 60€ que se gasta en un champagne.

Y así, todos los mantras del mundo.

Hay incluso quien defiende que los viñedos mágicos están en Francia.

Especialmente en Borgoña y el en Jura.

Que la magia la repartió Dios allí y ya no quedo para las tierras del Languedoc hacia abajo.

Bueno, no acaba de ser cierto que no quede magia para los viñedos españoles. Depende ya entonces de quién sea el distribuidor y el padrino. Entonces hay magia hasta para los vinos de cooperativa.

La paradoja es brutal y es rica en matices.

No imagino yo que haya en Francia una guía de vinos españoles (ojo que igual salta la sorpresa).

Pero aquí tenemos una guía de Champagne y varias empresas dedicadas únicamente al Champagne. Y no es una crítica a la estupenda labor de Jordi Melendo en su guía ni a las empresas que se dedican al Champagne. No. Me limito a describir el panorama.

Tampoco creo ningún otro país productor de vino en el mundo, donde las referencias nacionales de sus cartas de vino en los restaurantes más gastronómicos estén aplastadas por cientos de referencias y diferentes añadas de cada referencia de vinos que llegaron con pasaporte.

Hasta que la gente no interiorice que el vino español es tan bueno como cualquiera, el sector no avanzará. Seguiremos teniendo elaboradores que harán vinos buenísimos pero que no apuntarán a las estrellas porque allí nadie quiere sus vinos porque no son de un Chateau.

Mientras en las recomendaciones de los comunicadores prime como lo mejor de ese grupo de recomendaciones un puto vino francés (o dos), la gente seguirá repitiendo que en Francia sí que se hace vino bueno.

Mientras el distribuidor de turno se haga fotos en los mejores restaurantes descorchando borgoñas, barolos, juras y champagnes justo después de comerse lo más grande, la gente seguirá repitiendo que en Francia y en Italia se hacen los mejores vinos.

Mientras el catador de Parker diga que los vinos de sus amigos en España rozan la perfección, pero cuando publica las fotos de las comilonas en restaurantes sólo hay, qué originalidad, Jura, Jura, Jura, Borgoña, Barolo y algún Jerez (lo de la mascota), los profesionales seguirán apostando por esos vinos.

Mientras el sommelier de turno del restaurante gastronómico de turno ofrezca únicamente vinos extranjeros a las mesas VIP de supuestos gourmets, el resto de sommeliers harán más o menos lo mismo y le darán por saco a Jumilla.

Mientras todo el mundo asocie el conocimiento y sabiduría de un sommelier a los pepinos extranjeros que saca a 500€ la botellas, nadie se dará cuenta de que ese sommelier, en realidad, sabe tirando a poco de vinos y mucho de etiquetas.

Porque el ex presidente del Barça, José Luis Núñez, ya decía que para fichar a Ronaldo no necesitaba un director técnico, que eso se lo podía preguntar a su conserje.

Mientras la carta de champagnes de un restaurante michelinado sea interminable y luego incluya sólo 4 o 5 referencias de cava (o como coño se llamen ahora), no va a haber manera de que la gente se gaste la pasta en burbujas de aquí.

Así que bueno, se acaba la función y se acaba el artículo. Hay demasiado vino extranjero en España haciendo de tapón al vino nacional. Hay demasiado prejuicio positivo hacia los vinos de fuera que ejerce de techo de cristal a los vinos nacionales. Hay demasiada formación sobre vinos internacionales en las escuelas de sumillería española. Hay demasiada sed de conocimiento sobre vinos del mundo como si España no estuviese en ese mundo. Hay demasiadas fotos junto a viñedos míticos como el que visita tierra santa. Hay mucho papanatas. Hay pocos padrinos y pocos apadrinados pero tienen todo el pescado vendido. Hay demasiada tontería. Hay muchos viñedos maravillosos por descubrir porque de no poder vivir de ellos, la gente se fue. Hay muchas bodegas y elaboradores con capacidad de superarse pero no se atreven porque es como el que grita en el desierto. Hay demasiadas banderas y casi ninguna metida por el culo.

Son tiempos complicados y deseamos que todos vosotros y vuestros negocios salgáis adelante.

Dicho lo cual, que cada uno haga, coma y beba lo que le de la puta gana. Esto es Rooster Cogburn y lo que se publica es únicamente la opinión del que escribe. Y es sano discrepar.

Y ojalá, dentro de poco, y aunque sea poquito a poco, se le dé al vino español la posibilidad de tener éxito. Qué sé yo, ¿quizá otorgándole el 90% de la carta de vinos? Porque tenéis alrededor vuestro a un montón de gente que hace vino, que lo hace cojonudo, que lo puede hacer mejor, con viñedos cojonudos y que quiere también mirar hacia arriba. Pero no hacia Francia, ni Italia ni Alemana, cabrones. Quieren apuntar hacia las estrellas.


Reuben Cogburn