sábado, 20 de julio de 2019

Redención en tiempos de running


--- Por Quentin Taranvino ---

Esta va a ser, si no me falla la memoria, mi cuarta redención en esta vida. En otras vidas ya no sé porque no me acuerdo, pero si tuviese que apostar, apostaría a que por lo menos he tenido dos o tres vidas más, ya no digo las siete u ocho que me dice el vidente que me lee las arrugas del ano para predecir el futuro y el pasado, pero igual dos o tres sí. La vida en la que fui jaque árabe, la que fui emperador en Egipto y una en que fui un búho. Así que igual voy por mi redención quince o así.

En esta vida, que yo recuerde, he intentado redimir mis pecados, que siempre han sido decir que la cerveza es una mierda y cosas así, haciendo yoga, vendimiando… y no recuerdo qué más. Pero he hecho cosas. A Dios pongo por testigo.

Elpidio, que así se llama mi vidente de las arrugas del ano dice que no encuentro trabajo porque tengo un resquemor con el universo y viceversa, y que debo hacer algo para arreglarlo. Que no vale con publicar frases chorras en LinkedIn porque ya hay muchos gilipollas haciéndolo, que hay que ir un paso más allá. Y en la última visita, en uno de los ratos que me tenía tumbado boca abajo en la camilla, al ver un puntito marrón en un pliegue de una arruga de mi tubo de escape, Elpidio me dijo que eso sólo se iba a arreglar si me decidía a hacer el camino de Santiago. Que la cosa pintaba mal.
Yo, que siempre he confiado en los profesionales de la medicina, pues me decido a tirar para adelante. Voy a llamar a un amigo que es running de esos y que me aconseje, que ya estoy tardando.
Jess, mi amigo el running, me cita en medio de la plaza del pueblo, una plaza peatonal llena de terrazas que paga la jodida Damn. Mientras llega, que casi siempre llega tarde, me pido un vinito, unos torreznos, pan y un bol con alioli. El camarero, que se llama N’Guye, me dice que si me va bien un verdeguito y yo le digo que sí aunque no sé qué es eso.

A lo lejos veo a Jess, que viene vestido con unas mallas fosforitas y unos pantalones cortos del mismo color encima y sin camiseta, que la lleva dentro de la riñonera que lleva echada para un lado. Viene corriendo, y cuando casi le va a atropellar un patín eléctrico que va como el demonio de rápido, Jess le esquiva y sigue corriendo en el sitio, como cuando llega a un semáforo en rojo para las personas. Qué reflejos.

-          - A ver, Quentin, si tienes que hacer el camino ese de Santiago, pues hazlo, pero hazlo a tu manera, no como todo el mundo. ¿Tú no eres winelover? Pues haz el camino de Santiago con algo del vino o algo. Digo yo. Eres el puto Quentin Taranvino, tío, no va a venir un inspector de ojetes a decirte cómo tienes que salir a correr. ¿O qué?

Y ahí está. Para eso están los amigos sabios. Jess tiene razón y voy a hacer el camino de Santiago como a mí me salga de los cojones. Y salgo ya. Que me urge que se me quite lo marrón del ojete.
Como quiero triunfar si es posible, no voy a vestirme como un running de esos que parecen una cebra, y voy a ser más clásico. Voy a desenfundar mi camiseta del Anderlecht y mis zapatillas J’Hayber. Estoy a punto de elegir mis zapatillas de futbito de Ronaldinho, pero me preocupan los tacos para las distancias largas. Mejor las J’Hayber. Los demás que sigan esas modas ridículas de parecer una puta aurora boreal. Yo soy un clásico. Como Sinatra. Y la cinta para el pelo de Lebron James.

Antes de salir voy a comer algo para tener reservas.

Voy a la tienda donde Jessy y le pido dos botellas de vino para comer y una lata de atún. Y de repente, se me ocurre la gran idea. Voy a hacer el camino de Santiago visitando bodegas. Y comiendo y bebiendo en las bodegas que igual me invitan si les digo que soy winelover.

Dicho y hecho. La Jessy me prepara 25 botellas de vino de un montón de denominaciones que voy a recorrer corriendo. Se le ocurre que ya que no puedo llevar el vino conmigo porque pesaría mucho, que me grabe en video abriendo cada botella y brindando con cada vino por el camino de Santiago y que luego se lo enseñe a las bodegas al llegar. Qué tía, la Jessy, que idea más buena.

Espero a la hora de cerrar y le digo que venga conmigo y que me grabe ella, que yo tengo un pulso muy malo, y mi teléfono es un Nokia como el de Neo en Matrix y creo que muy bien no graba.

Me visto con la camiseta y pantalones oficiales del Anderlecht y me pongo mis J’Hayber más nuevas. No soy persona de vacilar, pero esta ocasión va a ser especial.




La Jessy me graba. Abro una botella de vino, me sirvo una copa, y leyendo la etiqueta le digo a la cámara ‘esperadme que vengo en unos días’. Y así una tras otra. Las últimas dieciséis botellas se me hacen cuesta arriba de beber, pero tengo que quedar bien. Dice la Jessy que ya se ocupa ella de enviar a cada bodega por email el video que corresponde. Que en algún video igual tendrá que poner subtítulos, pero que bueno, que eso queda muy Netflix.

Y salgo de casa. A correr. Mi primer destino, cerquita de casa, a 18 kms. La bodega se llama ‘Embotellado para RS12563254ÑPLO563’.
 
Me pulo los 18 kms en apenas dos días, la verdad es que me encuentro mejor de lo que esperaba, y apenas he tenido que parar a vomitar y dormir unas cuantas veces.

Al llegar al pueblo donde se encuentra la bodega, empiezo a preguntar a todo el mundo por la bodega RS12563254ÑPLO563. Estoy tranquilo aunque no haya reservado antes de venir porque esto del enoturismo está muy de moda y seguro que están equipados, que leí yo en una revista que ya casi todas las bodegas están preparadas para recibir huéspedes.

Nadie supo decirme nada de RS12563254ÑPLO563. Ni los viejos del pueblo. Ni el pescatero ni el de la gasolinera. Nadie. Cuando pregunté si por lo menos me podían decir dónde estaba la zona de los viñedos, José, un electricista simpático me dijo que viñedos no había, que si quería ver polígamos industriales los que quisiera, pero que viñedo no.

Como soy impermeable a la frustración, decido que voy a por mi siguiente objetivo. Le digo a la Jessy que avise, que no quiero malos rollos.

Esta vez la etapa son 35 kms. Me encuentro fuerte, así que en cinco días llego a destino.

Cuando estaba ya en la comarca donde iría a visitar a JMF, fui encontrando a gente trabajar en bonitos viñedos. Iba saludando a todos, y preguntando si conocían a JMF, que era una bodega muy buena de un vino artesano que se llama LA TOS CON MOCOS NO ES GRAVE. Nadie conocía a JMF ni a su vino artesano. Imagino que entre vignerons de esos debe de haber envidias y por eso igual me hicieron el vacío, supongo que al ver un winelover como yo, con la camiseta OFICIAL del Anderlecht, pues igual les dio pelusa. Gentuza de vignerons.

Cuando llego al pueblo, voy a la dirección que me ha pasado la Jessy, porque yo ya no me fío. Es raro pero en la dirección no hay ningún viñedo. Es un edificio de oficinas que pone COWORKING SPACE. Me decido a entrar, aunque a mí eso de los astronautas me da mal rollo. Y vértigo.

-          -Buenos días, soy Quentin, Quentin Taranvino.
-          -Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle?
-          -Mira es que estoy buscando a JMF.
-          -¿Disculpe?
-          -Sí, que busco a JMF.
-          -¿Perdón?
-         -Joder, tanto disculpa y tanto perdón, que soy Quentin, que la Jessy llamó hace unos días avisando que venía corriendo, que soy Quentin el de la camiseta del Anderlecht, pero que me la he quitado porque hay que lavarla, pero vamos, que soy yo. Quentin Taranvino. Que he quedado con JMF que le he enviado un video catando LA TOS CON MOCOS NO ES GRAVE.

-         -Ya, bueno, mire… es que debe haber algún error, aquí no hay nada que tenga que ver con el vino. Hubo hace algunos años un par de chicos que alquilaron un despacho durante seis meses, pero ya marcharon.
-          -Entiendo, chinita. ¿Y dónde puedo encontrar a JMF?
-          -Pues es que no lo sé, pruebe en el bar del pueblo.

Y me voy al bar del pueblo.

Allí, entre botellines de cerveza y cocacolas distingo a una persona que está bebiendo vino. Y decido que puedo fiarme de ella. Le pregunto por JMF y por LA TOS CON MOCOS NO ES GRAVE. Me dice que sí, que conoce, que sabe de qué hablo. Pero me dice que JMF y el vino ya no existen. Le pregunto si es que murieron o algo y me dice que no. Que eso fueron dos colegas diseñadores que un día decidieron comprar unos cuantos litros de vino a uno del pueblo que iba a cerrar por jubilación, y que habían hecho unas etiquetas bien bonitas, pero que se ve que la cosa no les fue bien.

Extrañado, le pregunté si eso podía ser, si podía ser que a quien se le pusiera en los cojones, podía sacar un vino sin haberse eslomao en la viña o en la bodega. El tío me dijo que sí, que eso era algo habitual. Que cada vez quedan menos que trabajen el campo y más que venden humo de un vino que no han hecho. Que bienvenido al siglo XXI.

Yo insistí preguntando. Le dije si no se lo estaba inventando todo. Emilio, que así se llama, me dijo que no, que si le acompañaba a casa, vería cómo era todo cierto. Que tenía fotos con ellos y con las botellas de vino cuando salieron. Que el vino se lo compraron, ya hecho y envejecido, a él. A 70 céntimos porque decían que no podían pagar más.

-        -  Hijos de puta! La botella de LA TOS CON MOCOS NO ES GRAVE me costó 33€!
-        - Ya. Así va el mundo, Quintin.
-        - Me llamo Quentin. Quentin Taranvino, Emilio. Que yo no te llamo a ti Emilii.
-        - Disculpa.

Llamo a la Jessy para que intente llamar a todas las bodegas del video para ver si existen o qué. Si hay algo detrás de esas siglas o esos números o esos nombres tan bonitos y esas etiquetas que llaman tanto la atención. Me dice la Jessy, horas después, cuando me he bebido un par de litros de pitarra con Emilii, que sólo dos de las 25 son bodegas. Que el resto son vinos por encargo. Que ella no lo sabía, que los compraba para la tienda porque el distribuidor le decía que eran la leche de proyectos muy bonitos. Que ella se sacaba un margen de la hostia. Que si quería comprar vinos famosos, la forzaban a comprar de esos también. Que ella qué coño iba a saber que no había un puto agricultor detrás que se ganara la vida decentemente vendiendo la uva o el vino ya hecho a esta gente. Qué bien se expresa la Jessy cuando no va borracha