viernes, 21 de octubre de 2016

Diabetes por compasión

Creo que hoy me voy a extender. Así que, querido visitante, si te apetece leer algo corto sobre vino y, a poder ser, insustancial, visita la revista SOBREMESA, que le acaban de dar un premio.



Extracto de la entrevista de Ferran Centelles a Gerard Basset en La Vanguardia - 14/10/2016


Hablemos de azúcar.

Estos últimos días hemos podido leer cómo la OMS (los que avisan que lo mismo un día hay una pandemia y tal) quiere grabar con impuestos especiales (20%) las bebidas azucaradas tipo cocacola y demás, porque, imagino, la cocacola y demás están llenando el mundo de gordos. Y los gordos, por lo visto, le salen caros a los sistemas sanitarios. Y hoy en día, sale carísimo salirle caro a alguien, así que alguien ha pensado que si una lata de cocacola cuesta, en lugar de 33 céntimos, 39.6 céntimos, los yonkis del azúcar malévolo dejarán atrás su adicción porque seis céntimos cuesta mucho ganarlos. Eso si a los cocacolos no les da por bajar el precio un 10%, y al sumar el impuesto especial, la multa queda en un aumento de unos tremendos 5.6 céntimos por lata de veneno. Desenganchados todos.

Cabría la posibilidad que, además de grabar con impuestos absurdos, alguien propusiera limitar la cantidad de mierda que puede llevar lo que compramos en las tiendas de alimentación, pero bueno, no sé, que igual un ejercicio así de lógica hace que le explote la cabeza a la mitad de los dirigentes mundiales. Por simpatía, como las ruedas de un camión.

Pero bueno, que la OMS no está inventando nada nuevo, eh, que los ingleses ya anunciaron un impuesto para las bebidas diabólicas hace unos seis meses que entrará en vigor en 2018, justo cuando la primer ministro acabe de expulsar o encarcelar a todo extranjero que pise suelo sagrado. Podría ser el primer paso hacia un reino unido donde sólo hubiera pelirrojos pecosos y delgados. Una nueva raza superior alimentada, por decreto ley, a base de sandwiches de pepino.

El caso es que yo quiero hablar de azúcar, agente alquímico que convierte todo en el oro dulce que todo paladar adolescente reinante en jóvenes, maduros y vejetes, desea con sudores inconfesables. El que hace que el café pase de ser amargo a dulce (que lo mismo no os gusta el café, eh); el que convierte en entrañable una sangría de mierda. Esa bazofia llamada bollería industrial, sí, esa, que triunfa porque tiene baños y baños de azúcar. El chopped. Bah, los embutidos en general, edulcorados. Las salsas, todas las que se les ocurrieron a los yankees. Es tanto el azúcar que nos rodea, que se creó lo políticamente correcto. Cerebros de algodón de azúcar.

El caso es que yo quiero hablar de azúcar. Y de Cava. Y de crítica.

Vamos a empezar con el cava. 
Lo primero, algunos datos que tienen que ver con el azúcar.
El primero, cuánto azúcar hay en cada tipo de bebida.


Tabla de azúcar residual en Champagne, Prosecco y Cava. De izquierda a derecha.

Como vemos en esta tabla, hay dos que son exactamente lo mismo. La primera y la tercera. El Champagne y el Cava. Esto tiene sentido porque el cava nació como una copia low cost del Champagne, apropiándose del nombre hasta que les hincharon a coscorrones, y luego que si el método Champenoise hasta que les dieron más coscorrones.

De cualquier modo, hay dos (uno por inercia), que se esfuerzan en que haya una gama amplia de productos que puedan acompañar bien diferentes momentos y comidas.

Y vemos, también, a los del medio, que son los italianos. A los italianos se la suda bastante, y van a por faena. Tres categorías, aunque eso no es lo más llamativo. Lo más llamativo es que su primera categoría engloba, por cantidad de azúcar, las tres primeras de Champagne y Cava. Desde Brut Nature a Brut, pasando por Extra Brut. Y a tomar por culo. Tú te compras un Prosecco Brut, y dentro habrá lo que haya, que normalmente es azúcar en los límites de lo que indica la etiqueta.

Así que tenemos a los italianos simplificando, y a los españoles y los franceses, haciendo las cosas algo más complejas, pero más completas y, se supone, mejor.

Alguno estará pensando que los métodos de elaboración no son los mismos en las tres bebidas. Cierto. Pero me da igual, que esto no es una clase de enología, estoy hablando de azúcar.

Ahora algún dato más.


Los datos de ventas de espumosos según la OIV. Fecha 2014, consolidando datos de 2013.


Según esta tabla oficial, los espumosos del mundo se reparten así. Es cierto que hay más espumosos que el Champagne, el Cava y el Prosecco, pero teniendo en cuenta la monstruosidad de estos tres, vamos a dar por extrapolables los datos de cada país a su espumoso estrella.

Francia vende el 18% de los vinos espumosos consumidos en el mundo.
Francia se lleva al bolsillo el 53% de lo recaudado en vinos espumosos en el mundo.

Italia vende el 44% de los vinos espumosos consumidos en el mundo.
Italia se lleva al bolsillo el 21% de lo recaudado en vinos espumosos en el mundo.

España vende el 21% de los vinos espumosos consumidos en el mundo.
España se lleva al bolsillo el 9% de lo recaudado en vinos espumosos en el mundo.

El ratio de Francia entre lo recaudado y lo vedido (valor/volumen) es de 2.94.
El ratio de Italia entre lo recaudado y lo vedido (valor/volumen) es de 0.47.
El ratio de España entre lo recaudado y lo vedido (valor/volumen) es de 0.42.
El ratio de 'Otros países'  entre lo recaudado y lo vedido (valor/volumen) es de 1.

Más datos. Ya pocos más por no aburrir, y porque va quedando claro.
En una serie histórica desde el año 2000, el consumo de vinos espumosos ha crecido a ritmo vertiginoso, liderado por el consumo en países tradicionalmente no productores de espumosos especialmente fuera de la UE, con un crecimiento medio anual de un 9%, siendo la cifra actual más del doble que el año de inicio de la estadística.

Y por último.

Desde 2008, Francia ha incrementado sus ventas -volumen- anuales en un 20% (consolidado).
En ese mismo período de tiempo, Italia lo ha hecho en un 500% (también consolidado).
El Cava, ha aumentado un 7%.

Conviene señalar que mientras el consumo se disparaba especialmente fuera de la UE, las ventas de Cava en este mercado, insisto, el que ha hecho saltar los números por los aires, han pasado de significar un 14% de las ventas (volumen de botellas), a un actual 17%. 



EL PRODUCTO


Cualquier consumidor habitual de Cava, a poco que no tenga el paladar atrofiado, habrá observado la degeneración de los Cava clasificados como Brut Nature, los teóricamente menos dulces.
Hay Cavas que no se los cree nadie. Muchos. Porque hay azúcar de más.

Y no hablo de uno, de dos o de diez ejemplos, hablo de algo que está extendido (bloggers, ahórrense las excepciones intentando quedar como expertos, porque no he dicho que todos).

Si algún medio de comunicación, premiado o no, se hubiera entretenido a comprar unas cuantas botellas de Cava en grandes superficies, en tiendas especializadas o por internet, y se hubiera gastado algún dinerillo en analíticas con la intención de hacer un reportaje más o menos serio sobre esta peligrosa (y tramposa) evolución, a un % gigantesco de las bodegas se les hubieran saltado los colores. El problema es que los medios de comunicación especializados, que se pasan el día rebotando notas de prensa elaboradas por las bodegas pero firmadas con nombre y apellido, o publicando textos como propios cuando son transcripciones literales de conversaciones telefónicas pidiendo ayuda para ocultar su ignorancia, viven de la publicidad de las bodegas. O son amigos de las bodegas. O se van de fiesta constantemente a saraos que organizan las bodegas. O recogen premios que organizan las bodegas. O todo junto.

El Cava, por alguna misteriosa razón, está mutando a Prosecco. Y los resultados son devastadores.

Algún imbécil pensó que si las ventas se estancaban, había que copiar un modelo de éxito porque crear uno propio es un montón de faena.
Ese mismo imbécil, en lugar de elegir el modelo de éxito francés, que al fin y al cabo es el que el Cava ha imitado desde el día que nació, decidió que el reloj se había parado en los tiempos de la cocacola y del Prosecco. Y que el Dios todo poderoso sería el azúcar. 

Pero el azúcar ya tiene a su profeta. Se llama Prosecco y viste de Armani. Aunque en un outlet.

Pero a ese imbécil nadie le ha dicho nada.


LA HIPOCRESIA

Así que seguiremos leyendo artículos bochornosos que se llamarán así como 'Siete Cavas que ayudan a adelgazar', 'Cinco Riberitas con los que parecerás menos rancio', o 'Rosados ideales para un picnic de alta montaña'. Seguiremos, sí, seguiremos leyendo artículos de vino donde el autor adorna su escrito hasta el infinito, describiendo a qué huelen las putas nubes o qué matiz tiene el color de unas piedras bajo la luz de la luna de un miércoles; porque no tienen nada que decir. Nadie tiene nada que decir. Porque para decirlo hay que estar dispuesto a dejar de recibir invitaciones, botellas y buenos días.

Y seguiremos leyendo ránkings, y que los sumilleres son camareros, y que la humildad es muy importante, pero que lo más importante de todo es "...no hablar jamás mal de un vino, buscar un atajo para desviar la elección de un modo elegante".

Ni hablar jamás mal de un vino, ni de una bodega, ni de la tendencia de una DO, ni de la calidad de lo publicado. Vaya a ser que la crítica sea útil para alguien. No-ni-nunca-jamás-tampoco. Salvo como Aznar cuando hablaba en catalán. En la intimidad. Ahí vale todo tipo de despelleje inmisericorde.

Y sin crítica, ¿cómo se avanza? ¿cómo se mejora? desde luego no con un coach.

Si le preguntaran a Guy Kawasaki cómo mejorar la situación del cava, me imagino la respuesta: 

Punto número 1. Haced un producto cojonudo.
Punto número 2. Esforzaros tanto en venderlo como en hacerlo.
Punto número 3. Volved locos a vuestros competidores.

Un eslogan: EL PROSECCO ENGORDA.


Rooster Cogburn
@CogburnSostiene

martes, 18 de octubre de 2016

Diario de una Wine Star - Semana 7






11 de Octubre.  

Hoy se ha publicado una nueva entrega del diario. Según Santi, le están llegando muchos comentarios estupefactos por la cantidad de vino que podemos catar en un día, en un mes, en un año.

Centenares, miles.

Las chicas fiesteras no se hacen daño

Lo que conté la semana pasada no era ni siquiera un evento: éramos cuatro catando y puntuando para una guía. Sin más. Una especie de jurado. Un ambiente controlado, podríamos decir.

No pueden sentir nada, cuando lo aprenderé

Tendríais que ver lo que es realmente un salón de vinos. Mucha gente piensa que esto es sofisticado, elegante, limpio, que no mancha. No.

Bebemos mucho, muchísimo. Y no siempre escupimos (algunas veces nada). Hay auténticos dramas psicosociales.

Todo para dentro, TODO

Gente que siempre va descontrolada, gente con problemas de salud derivados de la masiva presencia en saraos (tened en cuenta que también se suele comer mucho… y acabar a copazos), gente que no mide, gente que no tiene ya nada que perder, gente destruida, gente depresiva, adictos, desesperados, inadaptados.

Soy la indicada a llamar para pasarlo bien
El teléfono no para de sonar

He estado en festivales vínicos masivos (ya sabéis sus nombres) que se prolongan hasta largas horas de la noche, que luego continúan (en comandita privada) hasta la madrugada y que son un auténtico vertedero de almas. Una Monster Parade. Un carnaval crepuscular de gente que no le importa a nadie. Y así lo sienten.

1, 2, 3, 1, 2, 3 bebe
1, 2, 3, 1, 2, 3 bebe
1, 2, 3, 1, 2, 3 bebe
Me los bebo, hasta que pierda la cuenta

Hombres, chicas, chavales, señoras, seniles… a las dos de la mañana abriendo vinos en un bar amigote, gente con pareja entrando a lo que se mueve, caídas, hablar errático, drogas encima de la mesa, conductas delirantes…

No querríais verlo. No siempre.

Mantener mi copa llena hasta el amanecer
Sentir mis lágrimas hasta que se secan

Yo he estado cinco días parando de beber sólo para dormir.

Ahora viene la vergüenza

Antes de visitar una bodega, desayunar con vino.

A vivir como si mañana no existiera, solo por esta noche. Solo por esta noche
No miro para abajo, no abriré mis ojos.

A veces mi vida parece una canción de Sia.

Y esto vale para casi cualquier día.


Isobel.

martes, 11 de octubre de 2016

Diario de una Wine Star - Semana 6






6 de Octubre.

Me escribe una payasa. 

A un evento al que no pude ir, me suelta esta tía que hable de él en alguna de las revistas en las que colaboro.

Le contesto que no he ido al citado sarao, que no se si se acuerda.

Me comenta que eso da igual, que ella me pasa fotos y una nota de prensa para que la tunee a mi gusto y publique.

Le digo, nada educadamente, que no. 

Contesta que entonces, al menos, hable del vino que ahí se presentaba, le respondo que tampoco los he probado, porque, precisamente, es lo que le decía... no fui al evento en cuestión.

Ella señala que a un amigo mío le gustaron mucho y que escriba en este sentido.

Me divierto.

Como me gusta alargar el surrealismo todo lo que puedo porque lo considero uno de los regalos de Dios, le indico que me mande una botella y si me gusta le hago una reseña.

Me espeta que se ha quedado sin muestras porque en el evento regalaron un montón, que en cuanto le lleguen más me manda pero que a ver si puedo escribir un poco antes de eso.

"Trampa 22". Un día más en la oficina.


7 de Octubre.

Me invitan, pagándome, mañana a poner puntitos en una guía de puntitos, quedo con uno del Colectivo Decantado a comer y se lo cuento.

No se si sabéis que estos del Colectivo son unos talibanes antipuntitos, ya ves tú, y medio en broma, medio en serio, me llama mercenaria.

Como si fuera algo malo!!!


9 de Octubre.

Un despelote lo de los puntitos.

Llego como a las 10 de la mañana a una sala de una oficina como con, pero sin exagerar, unas 700 botellas de bodegueros que han perdido el culo por mandar el vino a estos paletos.

Que ojo ya os confieso que para mi la mejor guía de vinos es la que me pague por poner puntos pero que esta de hoy anda muy, muy lejos, de ser influyente.

No la leen ni el día que la regalan en su presentación.

El caso es que llego y hay otras tres personas para catar todo eso.

La selección vínica es de lo más variada, hay blancos, tintos, dulces, espumosos, generosos, naturis, mefistotélicos, maderones, diluidos, industriales, mediterráneos, mermeladas, biodinámicos, anecdóticos, caros, muy baratos, hipsteriles, wineloveristas, técnicos, alcohólicos... literalmente de todo.

Pues no os creáis que vimos dudar a la hora de asignar nota. Como si de repente en esa sala estuvieran las únicas cuatro personas del mundo que saben de todos los tipos de vinos que existen. Además con soltura, con facilidad, con solvencia.

A gusto.

Es una de estas falsas tablas a 100 puntos, pero realmente, salvo líquidos muy imbebibles, todo va de 88 a 97 puntos en mi caso y en el de alguno a 98 puntos. 

Nadie dio nada por encima.

Pero ha estado divertido, por supuesto la cata no ha sido a ciegas aunque no se que dirán luego... yo no he estado en ninguna que fuera estrictamente a ciegas. Siempre cuando se descubren las etiquetas el personal modifica sus puntitos normalmente al alza.

Ahí sale una frase muy guay que es: "claro, parecía peor porque lo que está es joven, esto es un vino de guarda".

Y tan anchos.

Yo realmente los pongo al tun tun, y diferencio entre no me gusta (menos de 90), me gusta (90 a 93) y me gusta un montón (94 en adelante).

Y tan ancha.

Hay uno que mola mas que yo y pone lo que le dicen o según sea amigote el de la bodega.

Reconozco que le estoy empezando a imitar. Un referente.

Si lo importante es cobrar.


10 de Octubre

Hablando de cobrar, me ofrecen una pasta por dar una cata privada en Halloween.

Lo primero está muy bien pero no soporto a la gente disfrazada y menos catando, me parece saturante. Si una fiesta es de disfraces que sea solo de disfraces no metáis mas actividades.

Es como esas carreras populares que la gente se disfraza, rollo San Silvestre vallecana. Me parece un poco estúpido.

Lo suyo es llegar con vuestro disfraz, comentáis los de los demás, y pasáis el resto de la fiesta perdiendo la menor dignidad posible, intentando acceder carnalmente a otros de la manera menos delictiva que haya, mientras os emborracháis hasta que alguien vomite o la monte y todo acabe de medio mal rollo.

Aquí no cabe una cata.

Me aclaran que es en Halloween por coincidencia ya que es el cumple de un señor que nació el 1 de noviembre, no habrá disfraces.

Acepto.


Isobel.